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Aumentando la efectividad de mi empresa

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Uno de los conceptos más escuchados en el mundo de las empresas es la efectividad, entendiéndola básicamente cómo hacer más con menos. Una meta que es fácil de decir, pero que al llevarla a la práctica puede acarrear una serie de complicaciones que pueden comprometer el futuro de una empresa

Diferencias entre eficiencia y eficacia

Entenderemos como eficiencia la relación entre los recursos utilizados y los logros conseguidos en un proyecto. Tiene que ver con la capacidad de ocupar los recursos precisos para cumplir una tarea, sin desperdiciar esfuerzos, pero sin comprometer la calidad.  O también cuando con los mismos recursos, podemos aumentar los logros, algo que se relaciona directamente con lo que la sociedad entiende por efectividad.

En cambio, la eficacia tiene que ver con el nivel de consecución de objetivos. Se refiere a la capacidad de cumplir con una meta en el tiempo y con los recursos que se planificaron desde un principio.

Un ejemplo claro de ello puede ser: Si somos eficaces si nos ponemos como objetivo producir 50 y conseguimos producir 50, independientemente de la eficiencia de los procesos que hayamos realizado. Si para producir 50 hemos gastado más de lo normal, no hemos sido eficientes. Si, por el contrario, hemos gastado menos de lo normal, hemos mejorado nuestra eficiencia.

Lo que sí está claro es que apuntar las metas de nuestra empresa en esta dirección sí puede ser lo correcto, siempre que sepamos que esto implica una inversión en tiempo y dinero, en nuevas contrataciones, capacitación del personal o la adquisición de nuevos equipos o herramientas tecnológicas, como por ejemplo un sistema de software manager.

Finalmente, es posible concluir que muchas veces los conceptos de eficacia, efectividad y eficiencia se utilizan como sinónimos, sin embargo a pesar de que están estrechamente relacionados, no son lo mismo.